Esperaba con ganas este paquetito que recibí de
Drawn & Quarterly hace unos días. Se trata de
What it is, cómic de la dibujante
Linda Barry (Wisconsin, 1956). Aunque en la misma línea autobiográfica de otros viñetistas como Seth, Huizenga o Delisle, Barry se desmarca por la tangente del proceso creativo en un libro que es justo eso, una explosión colorida de creatividad a lo largo de una exploración, más exitosa cuanto más ingenua y desinhibida, cuanto menos mediatizada por el intelecto, de la propia imaginación y sus posibilidades.

La pregunta clave del libro gira en torno a la relación entre imaginación y memoria, y a la forma en que los recuerdos, reales o no, afloran a la superficie consciente. Lo cierto es que Barry no podía adecuar mejor la forma al fondo, al emplear una vistosa técnica de collage que se adapta como un guante a la materia resbaladiza del inconsciente generador de estas imágenes. El libro es una constante evocación de la infancia, periodo de mayor permeabilidad del sujeto, al que Barry se remonta una y otra vez buscando los procesos más espontáneos de activación de la creatividad.

El elemento dinámico es fundamental. Hablando el lenguaje de las mascotas, de los amigos y enemigos invisibles y de los monstruos como obstáculo necesario -mención especial para la transformación de su madre en Gorgona-, la artista pretende sortear los momentos de
petrificación, en que las ideas parecen embotarse y no cristalizan en narraciones. Barry se fija atentamente en el proceso a través del cual un niño realiza marcas, exige formas a esas marcas y, finalmente, exprime las formas logradas en una historia.

Jugar y crear son, pues, sinónimos, y Barry dice encontrar su "salvación" cuando acepta que durante el proceso puramente creativo no se sabe, no se puede saber. Éste debe estar, en cierto modo, fuera del control del artista, debe ser capaz de sorprenderle. La aproximación intelectualizada es estática, analítica. Es necesario recobrar una cierta inocencia, abandonar cualquier pudor y desechar la pregunta censora sobre si algo "está bien o mal", para que las ideas fluyan naturalmente. Sus pesquisas en el territorio sagrado y originario del hombre son una linterna para alumbrar, al menos parcialmente, la parte submarina del iceberg, el cuaderno de dibujos y recortes que uno lleva consigo en la trastienda de la conciencia y en función de determinados estímulos abre, caprichosamente, al azar.