(III)
Darse cuenta de que uno pone tanto cuidado en el lenguaje, en la carcasa, porque no tiene absolutamente nada que decir.
(IV)
Asumir (III), y comprobar que la sostenibilidad de cualquiera de esos simulacros comunicativos se ve seriamente comprometida al manejar una lengua que no es la propia.
Tocarte
Hace 3 horas

0 proximidades:
Publicar un comentario en la entrada