lunes 30 de mayo de 2011

Derrotarios III y IV

(III)

Darse cuenta de que uno pone tanto cuidado en el lenguaje, en la carcasa, porque no tiene absolutamente nada que decir.

(IV)

Asumir (III), y comprobar que la sostenibilidad de cualquiera de esos simulacros comunicativos se ve seriamente comprometida al manejar una lengua que no es la propia.

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